Guerra de las Cruces

La Guerra de las Cruces fue un enfrentamiento generalizado entre la Iglesia y las órdenes mágicas (entre las que se cuenta la Orden de Hermes). Tras la caída de Constantinopla y, posteriormente, la conquista de Granada, hubo un interés por acabar con la herejía en Europa, haciéndola toda ella cristiana. En Castilla surge la Inquisición, cuya misión principal fue encontrar y erradicar los falsos conversos.

Durante sus pesquisas, sus temores se hicieron ciertos: había pruebas suficientes de prácticas mágicas. En primer lugar, se procedió a entrar en contacto con los distintos magos. Hubo tratos y un primer intento de comprensión. Las cosas se torcieron, sin embargo, cuando se descubrieron distintas tradiciones de infernalismo: la jerarquía eclesiástica decidió anatematizar toda práctica mágica externa a la Iglesia.

Empezó entonces la ofensiva: desde el brazo secular se persiguió y ejecutó a miles de personas sospechosas de magia e infernalismo. Los verdaderos magos pudieron pasar desapercibidos, hasta que descubrieron que, sorprendentemente, la Iglesia estaba usando una particular forma de “magia” (“milagros”, como ellos lo consideraban), para exterminar a los demás magos.

La Orden de Hermes participó duramente en la lucha. Sin embargo, su Parma Magica, útil contra criaturas y otras tradiciones mágicas, resultó bastante débil contra la magia divina y prácticamente nula ante las reliquias cristianas. Estos, a su vez, se aliaron con otras tradiciones, llamadas por la Orden de Hermes como la Orden de la Razón, con cuyo poder se llegaba a aniquilar casi por completo la magia hermética, tanto la Parma como los hechizos.

Ante las dificultades, la Orden pasó al anonimato, e introdujo un férreo control de su conocimiento hacia al exterior.

Desde entonces su gran preocupación es pasar desapercibido ante la Iglesia y mundanos, así como conservar cualquier vestigio mágico o feérico, cada vez más amenazados por la Iglesia y los Inquisitores.

Guerra de las Cruces

Frías Flavius Flavius